Entrevista a Francesc Miralles y Álex Rovira en EL Periódico hablando sobre lo que entienden por felicidad.


GASPAR HERNÁNDEZ

--Hablar de felicidad es fácil. Lo difícil es ser feliz. ¿Francesc Miralles era feliz cuando hace pocos años no tenía dinero ni para comprar una barra de pan?
--F.M.: En aquel momento no era feliz, pero tenía cerca el umbral de felicidad, porque cualquier pequeño ingreso me hacía feliz. La felicidad siempre viene cuando nuestra situación actual mejora. Cuando uno está enfermo y mejora un poco, se siente feliz. Yo, con tan solo unos euros, me sentía feliz.

--Àlex Rovira ni siquiera debía querer oír hablar de felicidad cuando su hija pequeña nació y la ingresaron en la UVI, sin saber si iba a vivir o a morir.
--A.R.: Esta situación no me hacía feliz, pero paradójicamente tomé conciencia del valor de la vida de mis otros hijos, y de la importancia de tener una pareja con la que me entiendo muy bien. Y eso, dentro del dolor que sentía, eran los puntos de apoyo que me permitían generar energía para dar ánimos a mi entorno, que estaba viviendo una travesía por el desierto. La felicidad y la tristeza pueden convivir perfectamente. Yo puedo ser feliz y vivir con angustia porque no sé el futuro de mi hija, pero dentro de este dolor puedo encontrar pequeños espacios para apreciar lo que tengo: el amor de la mujer que está a mi lado, y la conciencia para seguir adelante pese a la incertidumbre.

--¿Qué le dirían a un lector que haya perdido el sentido de la vida?
--A.R: Le preguntaría por qué no se suicida. Y la respuesta a esa pregunta le dará la clave para seguir adelante. No se suicida porque tiene algo que hacer, o alguien a quien querer. Muy bien, pues ponga toda su energía en apoyar esa causa o a esa persona.

--¿Qué es la felicidad?
--A.R.: Una actitud. Un lenguaje. Una inteligencia a desarrollar. No somos sujetos pasivos de la felicidad. La felicidad no es la alegría. La alegría aparece de golpe, te pellizca. La felicidad es una elaboración psicológica que nace de un ejercicio de conciencia y del trabajo activo.

--Supongo que de vez en cuando les dicen que son cándidos, que el discurso de ustedes es naíf, y hasta un poco cursi.
--A.R.: A la gente que nos dice eso, yo la escucho. Cuando alguien presenta este tipo de objeciones, suele haber sufrido mucho. Y probablemente no se le ha ofrecido un espacio para compartir su sufrimiento.

--Pues mucha gente debe de haber sufrido bastante. Hasta hace poco, de estos temas no se hablaba públicamente. Nos cuesta hablar en público de emociones, excepto de las del fútbol.
--A.R.: Porque ser cínico, descreído, tener mala leche es mucho más fácil que intentar construir una vida con sentido e intentar crear las circunstancias para la felicidad. Porque la felicidad no es una cuestión de ingenuidad. La alegría quizá sí. La felicidad es un ejercicio de voluntad, de conciencia, de librarse al otro, digámosle amor, y de ejercicio de fuerza interior. No es recepción pasiva y "oh, mira qué bonito".

--Aquí tiene más prestigio una actitud seria que una sonrisa feliz.
--F.M.: El catalán es austero, pide perdón en cualquier lugar por existir, por ser feliz. Otros pueblos son más festivos. El catalán, los éxitos y las alegrías los guarda en casa, o pide perdón por tenerlos. Somos discretos. Difícilmente un catalán reconocerá que la economía le va bien. Siempre te dirá que no se puede quejar o: "Anem fent".

--Àlex Rovira da conferencias para ejecutivos de todo el mundo, muy importantes, serios y solemnes. ¿Los ve felices?
--A.R.: Hay de todo. Los hay felices, que creen en lo que hacen, porque le ven un sentido, pero también veo a muchos ejecutivos que hacen de su trabajo un refugio de sus cuestiones existenciales. O sea, que no llegan a casa a las siete de la tarde no porque no puedan, sino porque les da pereza bañar a sus hijos, ya que en el fondo no saben cómo relacionarse con ellos.

--¿Y usted, qué hace?
--A.R.: En un momento concreto, me lo vendí todo para construir un proyecto de vida en que lo más importante es la dimensión afectiva. Tener tiempo para estar con mi familia. El tipo de vida que llevaba antes no me llenaba.

--¿Cómo puede ser feliz un camarero, aguantando todo lo que tiene que aguantar?
--F.M.: Yo fui camarero, de un cámping. Y descubrí que en un acto como servir un café tienes tres elecciones: dejar al cliente peor de lo que ha venido, tratándole mal; tratarlo con indiferencia y que se vaya igual que ha venido, o bien tratarlo con amabilidad y que se vaya mejor. Y dependiendo de cuál de las elecciones hagamos, estamos cambiando el mundo. Y eso no solo lo experimenta un camarero, sino cualquier persona cada diez minutos de su vida. Cada uno de nosotros tiene el poder de cambiar el ánimo de la persona con quien se cruza.



2 comentarios:

LadyMarian

Me impactaron mucho estas frases:

"No se suicida porque tiene algo que hacer, o alguien a quien querer. Muy bien, pues ponga toda su energía en apoyar esa causa o a esa persona."

"Cada uno de nosotros tiene el poder de cambiar el ánimo de la persona con quien se cruza."



Muy buena entrada! Me pareció muy interesante la entrevista.

Besos

Lujo

Holaaaaa Lady
La recogí del diario porque me daba pena que la retiraran. También la encontré de interés.
Me alegro que atrajera tu atención.
Abrazotes!!!!!!!!!!!!

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